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Julio César

Julio César
“La suerte está echada” – Julio César

A Julio César, muchas veces, se lo piensa más como un mito y no tanto como un hombre que existió de verdad. Debe ser por su importancia histórica notoria, por ser el precursor del fin de la República Romana y el primer emperador del Imperio Romano. Julio César, un táctico brillante, un entendedor de política y un iluminado escritor de poesía en latín, era la personificación de todo lo que estaba bien —y mal— en la República Romana.

La familia de Julio no tuvo mucho poder durante el primer siglo. Eran una familia noble de baja jerarquía, como mucho, aunque el linaje César dice venir de un príncipe troyano, que era el hijo de la Diosa Venus. Sin embargo, para su familia, aquella gloria había quedado en el pasado. No tenían problemas económicos, pero no era una familia con poderío ni liderazgo.

Julio César nació en 100 AC, hijo de Gayo Julio César. Poco se sabe sobre su niñez, aparte del fallecimiento de su padre cuando Julio todavía era pequeño. Por ello, Julio se convirtió en el hombre de la casa a los dieciséis. Durante ese mismo período, la familia se vio involucrada en una rivalidad política, que surgió del tío de Julio y otro político, Lucio Sila. Desafortunadamente, esa rivalidad culminó en la guerra civil romana y la familia César quedó del lado perdedor. Esta situación fue el principio del fin de la República Romana. Al haberle sacado su título de nobleza y su poca influencia política, Julio César se recluyó por su propia seguridad, una vez terminada la guerra.

Gracias a una intervención de su madre, que todavía tenía buen trato con Sila, Julio pudo volver. Sin embargo, seguía preocupado por su seguridad, así que se unió al ejército. En la armada, recibió varias menciones por su distinción. Después de la muerte de su rival, Sila, Julio sintió que era momento de volver a Roma. Se volvió defensor del hombre común y corriente que peleaba contra las injusticias de los políticos corruptos de Roma. Durante los siguientes años, César se volvió cada vez más adinerado. Entre algunas reuniones políticas favorables en España, campañas militares exitosas y el principio de una carrera política próspera, Julio era una estrella en alza.

Al subir su popularidad política, también subió su posibilidad de comandar más en el ejército. Con cuatro legiones bajo su mando y varias provincias que lo rodeaban que no habían sido reclamadas por nadie, era el momento justo para la famosa guerra de las Galias. Luego de años de conquistas exitosas, Galia iba a ser uno de los mayores desafíos de Julio. Las tribus germánicas que residían en esa área no resultaron tan fáciles para el ejército romano del momento. Sin embargo, las diferencias que tenían entre ellas no permitieron que se unieran y que tuvieran la fuerza suficiente para resistir los avances romanos. Galia, con algunos reveces, fue tomada para Roma y sería romana por los próximos quinientos años. César tuvo la intención de seguir con sus conquistas y avanzar sobre Bretania, pero por hambruna y por razones logísticas, Bretania no fue enteramente conquistada por Julio César.

El éxito como general militar y como político lo puso cabeza a cabeza con el líder de la República, Pompeyo. El problema era que su comando militar era muy fuerte y Julio, muy capaz. Ergo, representaba un peligro para la república. Pompeyo tuvo la intención de reprimir este potencial problema, pero en realidad, lo fomentó. Pompeyo le ordenó a César que desarmara su milicia y que viniera a Roma. César, con razón, temía ser procesado o encarcelado por sus rivales políticos si no tenía a su ejército; así que, se negó. Lo acusaron de traidor y de insubordinado. Como respuesta, César hizo lo que la ley prohibía: cruzó el río Rubicón con su ejército y se dirigió a Roma. El Rubicón era la frontera simbólica que las legiones bajo comando no podían pasar.

Haber atravesado el Rubicón marcó el comienzo de la próxima guerra civil romana. También, algunos historiadores eligen esta fecha como el momento en el que cayó la República Romana. Julio César sacó a Pompeyo de Roma y lo persiguió por todo el mundo romano: lo derrotó en España y en Grecia, antes de perseguirlo por Egipto, donde Pompeyo fue traicionado y asesinado. Después de esto, César quedó enredado en una guerra civil egipcia, la cual, luego de muchas victorias, logró culminar.

Con sus victorias alrededor de Europa, con Egipto de lado y con su carrera política defendiendo al hombre común de la corrupción, Julio César fue considerado el salvador de Roma. Durante este período, Julio también presenció la inefectividad de la República Romana y decidió que la corrupción solo se podía resolver pasando de una república a un imperio. César implementó reformas innovativas en su corto período como líder de la República Romana: designó el calendario gregoriano de 365 días como el estándar, agregó la circulación de monedas, perdonó a varios enemigos y, en 44 AC, fue designado dictador de por vida. Algunos de sus rivales políticos, celosos por el poder y la influencia de Julio, decidieron removerlo de su cargo permanentemente. En los idus de marzo (el 15 de marzo) de 44 AC, Julio César fue acribillado a muerte por senadores romanos. Aunque su dictadura fue corta, la República estaba al borde del colapso. Las reformas de Julio, junto con el nuevo sistema político del imperio, guiaron a Roma para el oeste por los próximos quinientos años y para el este por el próximo milenio. Durante su corta vida, Julio César cambió el mundo para siempre

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