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Catalina de Médici

Catalina de Médici
“Divide y vencerás.” – Catalina de Médici

Catalina de Médici fue una mujer formidable. Fue hija de la nobleza, madre de reyes y esposa del rey Enrique II de Francia. Lo tiempos en los que vivió no requerían una reina subordinada, sino que necesitaban una mano derecha poderosa de los que estaban a cargo. A pesar de haber varias opiniones encontradas sobre la manera en la que Catalina manejó algunos asuntos de estado o su involucración en ellos, una cosa es cierta: se le puede dar casi total crédito por haber mantenidas vivas las instituciones del reino francés durante un período de guerra y lucha.

Catalina de Médici fue la única hija de Lorenzo II de Médici, duque de Urbino. Nació en Florencia, en la primavera de 1519. Menos de un mes después de su nacimiento, sus padres murieron. El título de duque de Urbino pasó a Francisco Rovere, pero Catalina no perdió ni su suerte ni a sus amigos poderosos. Su tío era el papa Leo X y él se interesó en el futuro de Catalina, como miembro de la familia Médici. Cuando el papa murió en 1521, otro miembro de la familia Médici, el cardenal Giulio, fue electo para ocupar la vacante en 1523. En 1527, durante el período que se conoce como la guerra de la Liga de Cognac, la familia Médici fue expulsada de Florencia y, además, tomaron como rehén a la jóven Catalina. Con la ayuda del Emperador Romano recién coronado, Carlos de Médici, el papa Clemente VII pudo obtener nuevamente la ciudad y liberar a Catalina, luego del sitio que duró once meses, en 1531.

El papa Clemente se puso a buscar un buen esposo para Catalina, para fortalecer las alianzas políticas. Cuando el rey de Francia le ofreció a su hijo, el príncipe Enrique, como pretendiente para Catalina, el papa no dudó en aprovechar la oportunidad de formar una alianza con una de las monarquías más poderosas de Europa. La pareja se casó en 1533, pero Catalina no sería el amor de su vida. Le demostraba muy poco amor y, en cambio, elegía pasar el tiempo con una variedad de amantes. Hasta reconoció públicamente que había tenido un hijo con una de ellas. Para peor, Catalina perdió su apoyo principal, cuando el papa murió, ese mismo año.

El papa Pablo III se negó a pagar el dote que le había sido prometido al rey de Francia y, también, quebró la alianza entre el episcopado y el reino de Francia. Todo esto le jugó una mala pasada a Catalina. Este insulto, junto con la inhabilidad de gustarle a su marida o de tener sus hijos, la puso en una posición política muy débil.

Después de la muerte del hermano mayor del príncipe Enrique, Catalina estuvo muy presionada para darle un hijo a su esposo, porque él se convertiría en el heredero a la corona francesa. Se dice que Catalina hizo de todo para quedarse embarazada. Al final, luego de una consulta con un doctor que notó algunas anomalías biológicas y de tratarlas, anunció que estaba en la dulce espera. El primogénito se llamó Francisco. Pero Catalina no pasó ahí. Tuvo nueve hijos más: cinco varones y cuatro mujeres. A pesar de que Catalina hubiese sido exitosa dando a luz y hubiese asegurado el linaje para el reino de Francia, su esposo la trataba mal y seguía prefiriendo a una amante, que le sacaba a Catalina todas las ventajas de ser reina consorte. Parecía que Catalina era reina consorte solo de nombre, porque Diane de Poitiers, la amante de Enrique, le sacaba cualquier poder político.

Diane, sin embargo, no tenía nada en contra de Catalina. Es más, lo alentaba a Enrique a que la respetara más y a que pasara más tiempo con ella. La historia cambió cuando se lastimó en una justa. Una lanza le dio en el ojo y las astillas le llegaron al cerebro. Su esposa se quedó a su lado hasta que quedó inconsciente y murió diez días después del accidente, el 10 de julio de 1559. En ese momento, el poder le fue transferido a Catalina. Catalina no fue tan vengativa como podría haber sido para con Diane, pero ella se retiró de la vida pública y se recluyó en su palacete hasta sus 66, cuando murió, el 25 de abril de 1566.

Catalina se mantuvo activa durante el primer reinado de su primogénito, Francisco II, aunque podría no haber estado, ya que su hijo tenía la mayoría de edad y no requería la presencia de la Reina Madre.  Sin embargo, siguió influyendo hasta su muerte, en 1560. Ese mismo año, su segundo hijo varón vivo, Carlos, subió al trono como el rey Carlos IX. Esta vez, como Carlos nada más tenía nueve años, su madre dirigía casi todos los asuntos de estado de manera unilateral. Catalina sería una figura dominante durante el reinado de Carlos, así como el de su próximo hijo vivo, Enrique, que se convirtió en el rey Enrique III, después de la muerte de su hermano, el 30 de mayo de 1574.

Desde mediados hasta el fin de los mil quinientos, hubo varias luchas y guerras religiosas en varios puntos de Europa. La Reforma protestante comenzó con Martín Lutero, que había entrado a Francia, y con un grupo protestante llamado los Hugonotes. Todos fueron perseguidos por la población católica y por la propia Iglesia Católica, durante el período conocido como las Guerras de religión de Francia. En este momento, Francia estaba dominada por la religión católica y, a pesar de que se los hubiese dejado a los Huguenotes vivir en Francia sin grandes repercusiones, la falta de confianza entre los católicos y los protestantes finalmente explotó. Un miembro importante de los Huguenotes, Gaspard de Chatillon, murió y eso desató una crisis que culminó en rebelión y masacre. A pesar de que Catalina era amiga de Gaspard, se la culpó de haber propulsado la matanza de San Bartolomé, que ocurrió la noche del 23 y a la madrugada del 24 de agosto de 1572. La masacre fue el intento de reprimir un levantamiento Huguenote y fue ordenado por el rey, que quería matar al grupo, incluso a Gaspard que estaba en París para asistir a la boda de la hermana del rey, Margarita, con Enrique III de Navarra. La matanza duró varias semanas y se extendió hacia las afueras de París. Se estima que se mataron entre diez mil y setenta mil personas. Catalina siguió trabajando para su hijo Enrique como diplomática y como responsable del cumplimiento de los deseos del rey, pero, a medida que pasaba el tiempo, Enrique le comenzó a quitar poder. Catalina se decepcionó de su hijo favorito, ya que no tenía el mismo nivel de control sobre él del que tuvo por sobre el resto de los reyes. El 5 de enero de 1589, Catalina de Médici murió a los 69 años. Sin embargo, el trabajo de Catalina no fue en vano. No solo dio a luz a muchos herederos para que la corona pudiera sobrevivir, sino que su compromiso le permitió trabajar bajo muchas administraciones y durante días de incertidumbre por las guerras de religión. Catalina de Médici fue una reina inteligente, astuta e ingeniosa. Por eso, muchos historiadores la siguen estudiando, luego de varios centenarios

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