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Rey Enrique VIII

Rey Enrique VIII
“De todas las pérdidas, el tiempo es la más irrecuperable, porque no puede ser redimido.” – Rey Enrique VIII

El Rey Enrique VIII es, probablemente, el monarca inglés más conocido y estudiado. Su reino es considerado el predecesor del imperio inglés. Sin dudas, de no haber sido por los cambios institucionales que hizo, las guerras que peleó y las diferencias religiosas que trajo a Inglaterra, Gran Bretaña no podría haber alcanzado el estatus que obtuvo. Su vida estuvo plena de escándalos, de división religiosa y de ambición llena de lujuria. Por eso es uno de los personajes más fascinantes de la historia.

Nació a fines del siglo quince, el 28 de junio de 1491, y lo educaron desde temprana edad para liderar. Al ser miembro de la familia real, recibió una educación de alto nivel para la época: aprendió francés y latín, los cuales hablaba con fluidez. También incursionó en el italiano. Tan leído como era, a Enrique no lo educaron para ser el futuro rey de Inglaterra, porque no estaba en línea para el trono. Sin embargo, al morir su hermano mayor, Arturo, en 1502, Enrique, a los diez años, se convirtió en el duque de Cornwall y el nuevo príncipe de Gales. Luego de la muerte de su padre, el rey Enrique VII, Enrique ascendió al trono en 1509 y se convirtió en el Rey Enrique VIII. Solidificó su posición casándose con Catalina de Aragón, la hija del rey Fernando y la reina Isabel de España, que también era la viuda de su hermano Arturo. Este fue un movimiento diseñado para seguir teniendo buena relación con España.

Después de absolver a algunos amigos, de ejecutar a potenciales rivales y a traidores, cosas que se hacían durante la primera parte del reinado de un rey, Enrique se concentró en dirigir y en tratar de producir un heredero legítimo para el trono. Desafortunadamente, su primogénito con Catalina nació muerto y su segundo hijo solo vivió un par de semanas, antes de morir. Muchos hijos más nacieron muertos o murieron a temprana edad. Esto causó mucha tensión en el matrimonio real y es muy probable que, por eso, él haya tenido muchas amantes.

A pesar de haber tenido una hija, María, Catalina de Aragón nunca le pudo dar un heredero varón a su esposo. Por razones políticas y de sucesión, Enrique quiso anular su matrimonio con la Reina Catalina y le pidió al papa su apoyo. El papa, sin embargo, rechazó su pedido. Una de las razones para hacerlo fue que no quería enfurecer a la España católica y poderosa.

Como respuesta, Enrique decidió cortar todas sus relaciones con Roma y con la Iglesia Católica, y anunció que iba a ser el líder de la nueva Iglesia de Inglaterra. Como líder, Enrique reformó la religión en su tierra y requirió que todos los líderes religiosos le juraran lealtad y obediencia al rey. Luego de haber creado su iglesia dirigida por el estado y de asegurarse de que los diezmos y el dinero que iba a Roma, fuera a la tesorería del reino, también firmó su propio divorcio.

El Rey Enrique VIII se casó con una de sus amantes, Ana Bolena, que era, también, una de las damas de compañía de la Reina. A pesar de haberle dado su heredera más notable, Isabel I, Ana Bolena también tuvo una serie de abortos naturales, incluyendo uno de un hijo. Debido a algunos enemigos que tenía en la corte, a varios abortos naturales y a muchos rumores de adulterio y brujería, Ana se encontró en una posición desfavorable. Cuando Enrique encontró una nueva amante, Juana Seymour, se volvió inminente deshacerse de Ana Bolena. Así, la ejecutó en 1536.

Juana Seymour fue una de las seis esposas de Enrique y le dio un heredero, Eduardo, quien luego se convirtió en Eduardo VI. Desafortunadamente, Juana sufrió varias complicaciones en el parto y murió solo dos semanas después. Es la única de las seis esposas que fue enterrada con Enrique en el Castillo de Winsdor. Tres años después, Enrique se casó con Ana de Cleves, pero se divorciaron seis meses después. El mismo año, 1540, Enrique esposó a Catalina Howard. Enrique tenía 49 años y Catalina, 19. En parte, no se la puede culpar a Catalina por buscar la compañía de alguien más joven y atractivo, pero estaba jugando un juego peligroso. Al recopilar evidencia de su infidelidad, el arzobispo Cranmer le informó al rey. Al principio, Enrique desconfió de él, pero investigó y lo confirmó. Catalina fue ejecutada en la Torre de Londres el 13 de febrero de 1542. La última esposa de Enrique fue Catalina Parr, con quien se casó el 12 de julio de 1543. Ella se casó con Thomas Seymour, después del fallecimiento de Enrique.

El rey tuvo un par de reveces nacionales e internacionales debido a su comportamiento. En especial, con el ducado de Berg, luego de divorciarse de Ana de Cleves, que era una princesa alemana.

Como resultado de un accidente en una justa en 1536, Enrique VIII no pudo estar tan activo como lo había estado. Su salud también deterioró. Seguramente tenía gota y llagas infectadas sin tratar, y tenía un dolor que lo debilitada. Por eso, Enrique subió de peso y llegó al punto de necesitar ayuda para moverse. Su estado mental también comenzó a deteriorase rápido en sus últimos años, producto del accidente de la justa o de otros problemas de salud desconocidos. El rey veía fantasmas de gente que había ejecutado y de esposas previas. No estaba estable mentalmente. Por eso, sus últimos años fueron infelices.

El Rey Enrique VIII murió el 28 de enero de 1547, a los 55 años. Sin embargo, a pesar de haber quebrantado relaciones con varias naciones del viejo continente y con la iglesia, sus reformas, así como, también, su sucesora, la Reina Isabel, los llevarían a la época dorada. Aunque nunca lo pudo ver, el Rey Enrique VIII fue el progenitor de lo que se convertiría en el Imperio Británico.

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